admin mayo 29th, 2010

photo credit: khalid almasoud
Todo está bien si usted se entrega al Poder Superior. Ese Poder cala profundamente en sus cosas. Sólo en la medida en que usted piense que es quien efectúa el trabajo está obligado a cosechar los frutos de sus acciones. Por otra parte, si usted se entrega y reconoce a su yo individual sólo como una herramienta del Poder Superior, ese Poder se hará cargo de sus cosas junto con los frutos de las acciones. Estas ya no lo afectan y el trabajo prosigue sin obstáculos. El esquema de las cosas no se altera ya sea que usted reconozca al Poder o no. Sólo hay un cambio de actitud. ¿Por qué usted ha de llevar su carga sobre la cabeza cuando viaja en tren? El tren lo lleva a usted y a su carga, ya sea que ésta la tenga usted sobre la cabeza o la deje en el piso del tren. Llevándola en la cabeza no disminuye la carga del tren sino que sólo se esfuerza innecesariamente. Es similar el sentido de la ejecución de la acción por parte de los individuos que están en el mundo.
Sri Ramana Maharshi.
Fuente: http://no-dualidad-francisco.blogspot.com/2010/05/todo-esta-bien-si.html
admin mayo 27th, 2010

photo credit: Claudio.Ar (not too much online)
El primer mandamiento cristiano dice que debemos amar a Dios sobre todas las cosas. Dios es siempre lo primero. Lo dice con hermosas palabras Deuteronomio 6, 4: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales”. Dios es Todo, el único absoluto.
Pero, al contrario de lo que muchas veces hemos pensado, Dios no es rival de nadie, nuestro amor por Él no compite con nuestros otros amores. No tenemos que elegir entre el amor a Dios y nuestro amor a nuestros padres, amigos o parejas. El amor a Dios sustenta todos nuestros amores. Él nos ama en el amor que nos ofrecen nuestras semejantes, y viceversa; le amamos a Él cuando damos amor a nuestro alrededor.
El pasaje evangélico para este tercer domingo de Pascua nos deja escuchar un diálogo entre Jesús y Pedro; Pedro es el amor impulsivo y arrogante, el amor humano que se cree capaz de absolutos. Por eso Pedro debe aprender humildad, aprender que el amor humano es frágil e inconstante; lo importante es que no sea un amor de mentiras, o un amor falso, sino auténtico y verdadero.
Jesús lo sabe todo de nosotros, y así nos ama. No nos pide una perfección arrogante, sino un amor humilde y confiado. Así nos invita al seguimiento
Fuente: Amigos de Thomas Merton
admin mayo 24th, 2010

photo credit: jonycunha
EN el monte Hiei, en Kyoto, hay un monasterio budista en el que se realizan largos cursos de meditación con el ejercicio de andar. Se camina unos treinta kilómetros diarios y, hacia el final de las prácticas, el número de kilómetros se aumenta considerablemente. El agotamiento se considera una buena ayuda porque la mente está demasiado agotada para divagar. El ejercicio ayuda sobre todo a los que tienen miedo a las sentadas en quietud o a la soledad. A quién practica este ejercicio, puede utilizarlo después en la vida cotidiana, cuando va de la parada del autobús al trabajo o a la compra. Entonces veremos cómo se aumenta nuestro tiempo contemplativo. El peregrinaje es también una ocasión maravillosa de practicarlo. Después de un tiempo notaremos que nos va centrando, sosegando, relajando, armonizando e interiorizando, nos trae la paz, nos lleva a nosotros mismos y a Dios.
¿Cómo debemos andar?
TENEMOS que aprender a andar como Beppo, el barrendero del libro Momo de Michael Ende: un escobazo tras otro, sin premura, sin mirar constantemente hacia el final de la calle, esperando alcanzarlo pronto. Solo un paso cada vez. No hay ni un paso antes ni otro después; hay solamente el “ahora” de este paso, que se va convirtiendo en el ahora mismo. Es el primero y el último a la vez.
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admin mayo 12th, 2010

photo credit: SergioTudela
En los últimos tiempos hemos dedicado nuestras reflexiones casi exclusivamente a las cuestiones ambientales y a los desafíos que el cambio climático implica para el futuro de nuestra civilización, para la producción y el consumo.
No por eso debemos descuidar los problemas cotidianos, la construcción continuada de nuestra identidad y el moldeado de nuestro sentido de ser. Es una tarea que nunca termina. Hay en ella varios retos, dos de los cuales nos desafían permanentemente y debemos encararlos: la aceptación de los propios límites y la capacidad de desapegarse.
Todos vivimos dentro de una situación existencial que, por su propia naturaleza, es limitada en posibilidades y nos impone barreras de todo tipo, de lugar, de profesión, de inteligencia, de salud, de economía, de tiempo. Entre el deseo y su realización siempre hay un desfase. A veces nos sentimos impotentes ante hechos que no podemos cambiar, como la presencia de un esquizofrénico con sus altibajos o la de un enfermo terminal. Tenemos que resignarnos ante esa limitación ineludible. No por eso tenemos que vivir tristes o impedidos de crecer. Hay que ser creativamente resignados. En vez de crecer hacia fuera podemos crecer hacia dentro, en la medida en que creamos un centro donde todas las cosas se unifican y descubrimos cómo de todo podemos aprender. Bien decía la sabiduría oriental: «si alguien siente profundamente al otro, éste lo percibirá aunque esté a miles de kilómetros de distancia». Si te modificas en tu centro, nacerá en ti una fuente de luz que se irradiará a los demás.
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